La importancia de la literatura oral en la educación de nuestros hijos.

 

Es necesario que las madres y padres que deciden educar en el hogar a sus hijos y desde allí exponer y practicar contenidos curriculares sepan que es necesario sistematizar un nuevo enfoque educativo de la literatura que admita la incorporación de contenidos culturales, lingüísticos, como asimismo, contenidos históricos que permitan cambiar y mejorar la interacción entre unos y otros en el presente y futuro.  Para integrar todas aquellas manifestaciones populares que hoy están a nuestro alcance gracias al esfuerzo de los estudiosos por recuperar el arte verbal perteneciente a culturas no letradas (primitivas o tradicionales) y que ha suscitado la aparición de un curioso oxímoron para designarlo: literatura oral.

De modo que el conjunto de mitos, leyendas, cuentos, poemas o canciones tradicionales, etc., recogidos directamente de informantes orales viene a constituir una rama especial de la literatura, subalterna y casi siempre mal considerada, la llamada literatura oral. Uno de los problemas que plantea esta “literatura oral” es su condición multimedial: “El lenguaje escrito (…) se ve enfrentado al imperativo de cubrir todo un proceso transmisor que en la oralidad está acompañado de teatralidad, de dimensión gestual, de un determinado fonetismo, un ritmo de locución o una estética ritual”  (Pizarro 1985). En verdad, las manifestaciones verbales de las culturas ágrafas no pueden reducirse exclusivamente a su condición vocal (Lienhard 1997). Además, hablar la lengua de esas culturas es vivir inmersos en ellas, porque, como señala acertadamente Raúl Dorra, “la oralidad supone un modo de procesar los mensajes, un tipo de sensibilidad, una forma de relación con el mundo” (1997). De modo que toda transposición o transcripción de esas formas orales al plano de lo escrito mutila o reduce de manera irremediable su sentido al privarlas del absolutamente necesario contexto cultural.

Sin duda, que el incluir los contenidos de la literatura oral es un esfuerzo por dialogar con la otredad, con lo excluido por el canon de la literatura y cultura oficial. Con ello no sólo se busca incorporar formas o estructuras propias del discurso oral en los textos literarios, sino, en algunos casos paradigmáticos, alcanzar una cierta certidumbre de que esos textos literarios obedecen a una lógica profunda de oralidad cultural.

Cristina Matus Méndez

 

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